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¿EGO O DIÁLOGO INTERNO?

La palabra «ego» no deja de ser un tecnicismo del psicoanálisis, es un diálogo interno como cualquier otro, y se distingue así porque nuestra mente prevalece sobre lo que nuestra intuición nos pide hacer; es decir, el deseo de hacer algo queda tapado o manipulado por un pensamiento que nos aleja de los propósitos que nos gustaría realizar. Si nos encontramos en una situación que supone un problema o un estrés para nosotros, las posibles soluciones quedarán ocultas por el miedo que se produce en nuestro interior, entonces en lugar de encontrar una o varias soluciones nos centraremos en el problema y nos bloqueamos o lo omitimos.

Por un lado, si escuchamos este diálogo entre la voz que persigue un propósito y la que tiene miedo, podremos detectar algunas de nuestras áreas de mejora y obtendremos información sobre lo que creemos que debemos mejorar para llegar a nuestro objetivo. Este diálogo no se trata de una voz que está intentando convencer a la otra de que no haga algo, sino que le está diciendo lo que le falta para llegar o las barreras con las que se podría encontrar, y eso nos lleva a tener miedo de actuar a favor de nuestro propósito.

Por otro lado, centrarnos en este diálogo puede dificultar la toma de decisiones por sus contradicciones. Una vez detectados los miedos que nos paralizan y encontradas las debilidades, deben ser atendidas con nuevas competencias o habilidades y potenciadas con las fortalezas que ya tenemos. Hay que tener en en cuenta que todos los deseos pueden ser cumplidos con empeño y buena actitud y estos dos requisitos no requieren un pensamiento constante, sino acción y reflexión, este tipo de diálogo es el que nos permite alcanzar nuestro propósito.

Si tenemos el deseo de cumplir algo, podremos valorar si estamos siendo consecuentes o no con las acciones que realizamos para volver a formular o cambiar aquello que no nos acerque a lo que queremos conseguir así cómo detectar posibles limitaciones autoimpuestas. Para nuestro cerebro cualquier situación que produce dolor o se asocie a un dolor supone un estado de alerta y, a la vez, un estrés. Otra faceta del ego cuando nos encontramos en este estado de nerviosismo es inventar realidades o hipótesis para evitar la confrontación con el problema. Estas creaciones hipotéticas las crea la mente con el típico: «Y si…» «y si no…» «Podría ser que…» e incluso un estado de rabia o frustración. Si seguimos a este tipo de pensamiento nos empezamos a alejar del propósito pensando que es imposible. Conseguiremos disminuir el estrés diseñando un plan de acción con el objetivo de solucionar este bloqueo y acompañando a este plan con una actitud positiva y proactiva para mantener la fuerza de la motivación en un punto que nos permita ser eficaces.

Otra recomendación es tomar decisiones y plantear soluciones en un momento de relajación y no en «modo diálogo interno» cuestionando si todo lo que pensamos es positivo o negativo. Algunas de las herramientas útiles para la relajación es la respiración consciente, la meditación con música relajante o el mindfulness.

En conclusión, el ego tiene dos vertientes, la que nos acerca a lo que queremos conseguir y la que nos aleja. El diálogo interno entre las dos vertientes puede llevarnos a las dudas, a la desesperación y a la falta del control, por lo tanto, saber detectar y analizar el diálogo interno correctamente nos ayudará a atender los miedos con el objetivo de conseguir nuevas competencias y habilidades. En ocasiones podemos sentirnos agobiados por la misma situación que estamos viviendo, en este caso la recomendación es acudir a un coach, para que nos facilite la toma de conciencia de las limitaciones y los bloqueos que hay en nuestro pensamiento y nos guíe para formular un plan de acción coherente y dirigido mejorar nuestra situación actual para llegar a la deseada.

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